Consultorías dot com

* El “cliente-1”: tiene un sueldazo, es totalmente sabelotodo. Su única función en todo el proyecto es la de cuestionar todas las decisiones tomadas por el consultor.

* El “cliente 2”, que se desentiende del proyecto desde el inicio.

* El “cliente-3“, recién ascendido, pidiendo informes de todo

2.- El cliente siempre conoce a alguien que hace el mismo trabajo del consultor a menos de la mitad de precio.

3.- El cliente siempre tiene alguien que tiene una pregunta para el consultor. Todo gratis por supuesto.

4.- Puesto que el cliente paga al consultor, éste último pasa por alto cualquier error que pudiera cometer el cliente. De su parte, el consultor, a igual precio debe de estar en disposición de rehacer cualquier tarea adicional que le mande ejecutar el cliente, sin importar que esta sea o no sea de su competencia o si tuviera alguna utilidad.

El cliente paga para que el consultor sepa y haga de todo: tanto bajarse materiales filmográficos con Emule, saber el porqué se le cuelga el Windows o el porque no se actualiza un GPS de determinada marca o de como recurrir al Tribunal de Estrasburgo.

Si el consultor obtiene el éxito todos los méritos son para el cliente. En este caso, el consultor pasa a ser un mero intermediario sin ningún tipo de incidencia en el desenlace final.

De fracasar el proyecto, el consultor perderá la cuenta del cliente, su trabajo, etc.

Si el cliente no alcanza a comprender las explicaciones dadas por el consultor, éste hará uso de cuantos informes por escrito y tediosas presentaciones en Powerpoint sean precisas para que el cliente se sienta satisfecho.

El consultor deberá abstenerse de denunciar al cliente por plagio cuando el cliente se adjudique toda la autoría de los informes del punto anterior y los vaya repartiendo a diestro y siniestro presumiendo de lo listo que es.

Para el cliente resulta de mal gusto que el consultor pueda estar trabajando en otros proyectos. A cambio el consultor debe estar eternamente agradecido.

El consultor atenderá tantas llamadas al móvil a horas inesperadas e inoportunas.

El consultor acudirá a tantas reuniones con el cliente como a éste le plazca.

El consultor también será evaluado por sus superiores en función del número de horas de trabajo semanal.

Nunca jamás un consultor deberá convertirse en empresario de éxito. Y los que lleguen a ello es que no eran auténticos consultores.

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